Desde que la dictadura dejó flotar libremente el dólar devaluando un 18% el peso allá por junio de 1982, en medio de la crisis que golpeaba con fuerza el país, que no se producía en Chile el anuncio de una medida que modificara de manera abrupta un indicador clave del orden económico. Aquella vez fue el tipo de cambio, que estaba fijo en los $39 pesos y pasó a ser libre, encareciendo de golpe todos los bienes importados, entre ellos los combustibles.
Hoy, 44 años después, nuevamente los combustibles se dispararán de la noche a la mañana -casi de forma literal, puesto que el alza se concretará el jueves, y su anuncio fue el lunes al final de la tarde- ocasionando con ello un encarecimiento en cadena de buena parte de la canasta básica familiar, viniendo de lleno a quebrar la tendencia a la baja en la inflación que venía desde el gobierno anterior.
La idea de modificar sustancialmente, o de directamente eliminar el MEPCO, se venía fraguando desde antes que el nuevo gobierno tomara posesión el pasado 11 de marzo, y fue uno de los primeros temas que se puso en agenda, en medio de la denominada “estrategia de copamiento” que buscó dejar grogui a oposición y medios de comunicación ante una avalancha de anuncios de medidas.
Fue a través de una ronda de entrevistas que el ministro de Hacienda Jorge Quiroz sostuvo uno a uno con periodistas ancla de los principales canales de televisión del país, que el Gobierno comunicó que se concretaría la temida suba en los combustibles productodel incremento que ha tenido el precio mundial del crudo a raíz de la guerra entre Estados Unidos e Irán.
De esta manera, y utilizando la disposición del MEPCO que permite un ajuste rápido en relación a los precios internacionales, se proyecta un aumento de $370 pesos por litro en la bencina de 93 octanos, y de $580 en el diesel, el combustible que utilizan los camiones de transporte de mercancías.
Quiroz señaló que la razón de esta situación responde a “una guerra que tiene efectos sobre el mercado del petróleo como no los ha tenido desde los años 70”.
“Probablemente es un shock de los más grandes al mercado global del petróleo que hemos visto (…) tenemos una crisis histórica”, aseguró. A su juicio, esta situación encuentra al país “en una situación de estrechez económica también histórica, heredada de las administraciones pasadas, en particular la que recién pasó. Hoy día tenemos niveles de deuda. El Estado de Chile debe 40.000 millones de dólares más de lo que debía hace cuatro años”, prosiguió.
Las declaraciones del titular de Hacienda coparon rápidamente los titulares de todos los canales de televisión, y también los feeds de redes sociales. Casi inmediatamente comenzaron a verse largas filas en estaciones de servicio por todo el país, al punto de que apenas unos minutos después de emitida la entrevista a Quiroz, los movileros de los canales desplegados en las gasolineras ya estaban despachando en vivo las clásicas entrevistas a automovilistas desesperados por alcanzar a llenar el estanque.
Las filas en bencineras no menguaron hasta entrada la madrugada, y ya durante las primeras horas de la mañana de hoy martes estaban nuevamente formadas, con igual o mayor fuerza, y más allá de reacciones llamativamente tibias -como la del históricamente combativo gremio de camioneros, que esta vez pidió mantener la calma- el ambiente en la calle era inequívocamente de rechazo a la medida.
Mientras tanto, los equipos comunicacionales del gobierno salieron a hacer control de daños, bajando un instructivo que bajo el paraguas de “Chile sale adelante”, busca instalar la idea de que esta alza histórica de los combustibles está enmarcada en un plan para normalizar la economía. “Porque a Chile no lo detiene una guerra que impacta ni un Estado quebrado por una mala administración pasada. Por eso, presentamos el Plan Chile Sale Adelante, con medidas concretas para apoyar a las familias y seguir impulsando la reconstrucción.Porque cuando avanzamos juntos, nadie se queda atrás”, reza la bajada de la publicación en el Instagram oficial del Gobierno, del anuncio de las medidas paliativas para contener el incremento de los carburantes. La estrategia parece ser plantear esta medida como inevitable, y producto de decisiones del gobierno anterior que impidieron contar una holgura fiscal como para tener más opciones ante una externalidad mundial en la que Chile tiene poco que decir.
Dicha batería de medidas paliativas -que inevitablemente recuerdan a las que se tomaron en Argentina para mitigar el golpe que se produjo cuando, a días de asumido Milei, su ministro de Economía Luis Caputo anunció el mega tarifazo y la quita de subsidios a bienes y servicios básicos- incluyen el congelamiento del pasaje de micro en el sistema RED, un subsidio de $100 mil mensuales para taxistas y colectiveros durante 6 meses, y el congelamiento del precio de la parafina durante el invierno. Pero ninguna de ellas cubre los efectos que $580 más por litro de diesel tendrán en la cadena de suministro de frutas, verduras, carnes, congelados, bebidas, productos de limpieza y aseo, y un largo etcétera.
Ya durante la mañana del martes, y con los automovilistas lanzados en masa a las gasolineras, el despliegue de las principales autoridades de Gobierno ha sido total. Los principales ministros del gabinete, encabezados por la cuestionada vocera Mara Sedini, e incluso el mismísimo Presidente Kast, han recorrido radios y canales de televisión intentando instalar el relato de que esto se trata de una dolorosa medida inevitable que les hubiese gustado no tener que tomar, una suerte de sacrificio colectivo donde, por culpa de una guerra ajena y un gobierno anterior irresponsable, todos tendremos que sufrir, quién más, quien menos.
Mientras tanto, las redes sociales oficiales del Gobierno se han llenado de publicaciones con citas de ministros del tono de “No vamos a dejar a los chilenos solos”, dicha por el titular de Transportes Louis de Grange, o “Son medidas duras y lo entendemos, pero ayudaremos a las familias más vulnerables. No podemos comprar popularidad endeudándonos”, del propio Presidente Kast.
La minuta comunicacional del Gobierno -que fue filtrada por el diputado Jaime Araya, de la bancada del PPD- comienza con el relato de “Hay una guerra. Una guerra que nadie pidió. Una guerra que comenzó lejos, pero que esta semana llegó a la bomba de bencina de cada chileno”, a la vez que instruye a los voceros a explicar que la caja fiscal estaba vacía y que el Fondo de Estabilización de Precios del Petróleo (FEPP) registraba apenas US$5 millones al momento de asumir.
La minuta también tiene una “lista roja”, donde se enumeran los errores que los voceros no deben cometer. Entre ellos, se prohíbe decir “la situación es grave”, frase que según el documento “activa pánico y transmite pérdida de control”. En su lugar, se instruye a las autoridades a afirmar que “hay un desafío real y tenemos un plan concreto”.
El documento también prohíbe mencionar impuestos nuevos o hacer alusión a una deuda descontrolada, incluso para descartarlos, ya que “instala el miedo”. Si la pregunta aparece, la respuesta debe ser una sola frase: “No hay impuestos nuevos. Fin.” Otra línea infranqueable expuesto en la minuta es no atacar personalmente a figuras del gobierno anterior, limitándose a datos y responsabilidad institucional para no caer en la eventual difamación.




