El periodismo, la industria musical y el mundo del espectáculo en general llevaban semanas pendientes de lo que sería el show de medio tiempo del Super Bowl LX, la final del campeonato de la NFL, liga mayor del fútbol americano. Esto es algo que ocurre todos los años, considerando que se trata del evento deportivo de máxima audiencia en la televisión estadounidense, y existe una amplia tradición de invitar a las artistas más taquilleros del momento para dar un mini concierto durante los minutos de entretiempo.
Como evento, el Super Bowl va más allá de lo meramente deportivo, y es bastante más que el partido en sí. Millones de estadounidenses se sientan frente a una pantalla y pasan un domingo de comilona que llevan preparando hace semanas. Para muestra, la semana del Súper Tazón es en la que más alitas de pollo y paltas -para el guacamole de los nachos- se venden en el país del norte. Además, las empresas y las televisoras y plataformas de streaming saben de esto, y por lo mismo, la tarifa de anuncios publicitarios alcanza cifras astronómicas: Todos quieren estar.
Pero este año era especial: El encargado de animar la fiesta sería el puertorriqueño Benito Antonio Martínez Ocasio, más conocido como Bad Bunny. No es la primera vez que un artista latino se sube al escenario en un Super Bowl (la primera fue Gloria Estefan junto a la Miami Sound Machine, en 1992), muchos lo han hecho antes y apenas se ha reparado en su origen étnico cultural. La diferencia está en dos aspectos: Bad Bunny cantaría exclusivamente en español (salvo, claro, por los abundantes anglicismos presentes en sus letras, algo propio del spanglish boricua), y por supuesto, el contexto sociopolítico.
Claramente no se trataba de un Super Bowl más: El crispado clima político en la ya de por sí tensionada sociedad estadounidense, con los agentes del ICE (inmigración) realizando dentenciones masivas dirigidas hacia personas de “aspecto latino” y que ya han provocado incidentes con fallecidos. Que la NFL haya elegido a un cantante puertorriqueño – un estado hispano, que es un territorio estadounidense no incoporado, donde rigen las leyes federales de EEUU pero sus ciudadanos no tienen derecho a voto estando en la isla- que hace su música fundamentalmente en español, no fue al azar. El sector MAGA (trumpismo) lo interpretó inmediatamente como una provocación, al punto de organizar un evento alternativo de música country a la misma hora del medio tiempo del Súper Bowl.
Cabe recordar que solo unas semanas antes, en su gran noche de consagración en la industria, Bud Bunny había utilizado su discurso en los Grammy para criticar a ICE. Lo hizo mientras recibía el premio a mejor álbum del año, concedido por primera vez a una pieza hecha totalmente en español.
Finalmente la presentación del boricua – que supera sus deficiencias vocales con la calidad de su performance – fue un éxito que estuvo estratégicamente diseñado para ser una respuesta a la retórica de Donald Trump, sin nunca nombrarlo directamente, ni a él, ni a su gobierno, ni a ICE, ni tampoco increpando explícitamente al nacionalismo blanco estadounidense, pero sí dejando un mensaje claro a través de los varias referencias cargadas de mensajes políticos. Apenas comenzar dio con el tono: “God bless America… ya sea Chile, Argentina, Uruguay…” y Benito comenzó a nombrar uno por uno a los países del continente americano, refutando la concepción que tradicionalmente se tiene en los Estados Unidos sobre el concepto de “América”.
La imagen de él entregándole su Grammy a un niño moreno, que ha sido interpretada como una referencia a Liam Cornejo, un pequeño de apenas 5 años de edad que fue detenido en una redada de ICE, puso a Bud Bunny como portavoz de un mensaje de contestación. Esto, sumado a todo lo que fue su actuación, dejaron al puertorriqueño como un estandarte de la disidencia al trumpismo. Y así le respondió el propio Trump.
«¡El espectáculo del medio tiempo del Super Bowl es absolutamente terrible, uno de los peores de la historia!» escribió el mandatario estadounidense en un post en su red social Truth Social, agregando que «Nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños que lo ven en todo Estados Unidos y en el resto del mundo. No tiene sentido, es una afrenta a la grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad ni excelencia”.
Trump, que pasó de obtener la mayor cantidad y porcentaje de votos logrado por un candidato republicano entre los ciudadanos latinos en tiempos modernos (45%, y ganando entre los hombre hispanos con un 53%), vive ahora un desplome en su popularidad en esta comunidad, de acuerdo a todas las encuestas recientes.




