Desde el Palacio de La Moneda, y flanqueada por el Presidente Gabriel Boric, el canciller Alberto Van Klaveren, y los embajadores de México y Brasil, Michelle Bachelet inscribió de manera oficial su candidatura a la secretaría general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), donde espera suceder al ex primer ministro de Portugal el también socialista António Guterres.
La presencia de los embajadores de los dos gigantes latinoamericanos no fue al azar. Y es que Bachelet logró el que se había previsto como primer gran objetivo para hacer mínimamente viable su candidatura: Unificar detrás de ella a todo el progresismo latinoamericana, alzándose como la alternativa de la centro izquierda moderada iberoamericana.
La ex Presidenta chilena dijo sentirse enormenente honrada por el respaldo que le han dado dos países tan relevantes a nivel regional como México y Brasil, lo que para ella “refleja un compromiso compartido y renueva la esperanza de que podemos trabajar juntos por objetivos comunes. Es también una señal de la importancia que tiene la organización para América Latina y el mundo, que pese a las dificultades caracterizadas por un contexto geopolítico desafiante, seguimos apostando por fortalecer las herramientas del multilateralismo”.
Por su parte, Boric agradeció “el apoyo, la convicción, el coraje, del presidente Lula da Silva y la presidenta Claudia Sheinbaum”, añadiendo que, a través de esta decisión, “manifiestan su voluntad común de contribuir a la gobernanza global y al fortalecimiento del multilateralismo”. Además, afirmó que esta candidatura “expresa a la vez una esperanza compartida que América Latina y el Caribe hagan oír su voz en la construcción de soluciones colectivas a los tremendos desafíos de nuestro tiempo”.
Posibilidades
Mucho se ha hablado respecto de las reales chances de la candidata chilena para suceder a Guterres en Nueva York, y es que para acceder a este cargo es fundamental contar con el apoyo (o al menos no con el veto) de las potencias que integran el Consejo de Seguridad de la ONU de manera permanente. Y ahí es donde la candidatura de Bachelet comienza a tambalear.
Los únicos miembros del Consejo que podrían llegar a sentir una simpatía más o menos natural por la figura de la ex mandataria chilena son Reino Unido (gobernado hoy por el laborismo) y Francia. El resto, por derecha o por izquierda, tienen reparos con la ex líder de ONU Mujeres.
Donald Trump no vería con buenos ojos que una socialista que encarna lo que para él es el establishment woke, llegara a presidir la ONU, una organización que considera inútil y con la cual tiene roces de forma regular, al punto de estar constantemente amenazándola con restringir su financiamiento.
Con la China comunista las relaciones de Bachelet tampoco son las mejores. Si bien últimamente ha habido acercamientos, y Xi Jinping estaría evaluando la capacidad de la chilena para aglutinar en torno a su figura un contrapeso a Trump, son públicas las desavenciencias entre ella y Beijing. En su rol de Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Bachelet emitió un informe que denunciaba graves violaciones a los derechos humanos en el país asíatico.




